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En los tiempos precolombinos, Quelepa fue el asiento de una brillante civilización indígena, cuyos admirables vestigios han sorprendido al hombre occidental y han sido objeto de especial estudio de parte del notable americanista salvadoreño doctor Atilio Peccorini. Las ruinas de la primitiva Quelepa, diseminadas en ambas orillas del río Moncagua o de San Esteban, en una extensión como de 6 kilómetros, desde el pueblo de Moncagua hasta el lugar denominado "El Salitre", tienen su maxima expresión arquitectónica en el paraje denominado "Ojo de Agua". "En este punto -dice el doctor Peccorini- son notables las series de tunumbis o kú, que son las tumbas de los indios y por la cantidad notable de los mismos, llegan a constituir un cementerio. Hacia la parte Norte de este mismo punto se notan restos de terraplenes, semejantes a los de las ruinas de Tehuacán en San Vicente. En la parte más elevada  de estos terraplenes hay una enorme pila de piedra de cantera labrada con exquisito gusto y simetría. "Tiene la piedra como dos metros cuadrados con sus desagües por su parte Jtlás~nclinada y por el lado opuesto unos zaques, en un borde como propIos para colocar un cátaro". La notable pila, a la que alude el doctor Peccorini, tiene esculpida sus caras exteriores con ricos altorrelieves, el principal de los cuales consiste en una cara discoidal, con la estilización de una cabeza de jaguar, muy semejante a dos esculturas pipiles localizadas en Cara Sucia y Ataco (departamento de Ahuachapán), ornamentada a derecha e izquierda con cabezas de serpientes; preciosa pieza arqueológica deteriorada últimamente por campesinos [...], en un afán de aprovechar la escultura lítica en modernas edificaciones. "De cerca de estos lugares -continúa diciendo el doctor Peccorini han sido desenterradas gran cantidad de antigüedades de variadísimas formas, habiendo tantas en un lugar de aquí mismo que se conoce con el nombre de "Quebrada de los Antiguos". Hacia el lado del pueblo o sea en la ribera Sur del río se encuentran varias piedras cuadradas, unas con canales y otras redondas, pero muy bien labradas, al parecer de sacrificios". Dice en seguida el doctor Peccorini, que "Entre lo más notable encontrado en esta rica región está una piedra esculpida que semeja en mucho, por  sus adornos a las de las ruinas de Copán. Consiste su dibujo en unas culebras entrelazadas terminando en adornos extraños como queriendo semejarla efigie de Quetzalcohuatl, o sea la serpiente con plumas de quetzal, dios maya. Aquí mismo -agrega- se han encontrado cosas extraordinariamente curiosas como, son azules y otros con apariencia dedorados y plateados. Hay algunos en forma de ayote, otros que semejan en sus dibujos la cara de un indio tatuado por el frente y el de una figura delgada con cara humana por el otro lado". Finalmente. en mismo autor anota que "Entre los monumentos de Quelepa lo principal es el camino de piedra y la fortaleza de "Cerro Grande", regular eminencia que se eleva en la parte Sur de las ruinas, unos 300 mt. de altura. Desde su base hasta la cumbre se extiende un camino construido en época anterior a la Conquista, aprovechándose las favorables  planicies del río". En antiguas cronicas del siglo XVI, el nombre de esta población aborigen -meca religiosa de los indios lencas del levante salvadoreño- , se encuentra así: Quelepatique, que en idioma poton quiere decir "cerro de los jaguares  de piedra", ya que tal toponímico está constituido de las siguientes raíces que, piedra lepa, Jaguar o puma, tigre o e n americanos, respectivamente, y tique, cerro, sufijo de lugar. Quelepa, por lo tanto, significa "jaguares de piedra" o "pumas de piedra", etimología que, innegable mente, alude al hecho de que las ruinas mencionadas son ricas en esculturas líticas con figuras y estilizaciones de cabezas de tigres y de leones americanos. Completando la región arqueológica en cuestión, entre Quelepa y San Miguel, se encuentra el paraje denominado Muyucaquín, con restos arqueológicos que corresponden a las ruinas del pueblo lenca precolombino de igual denominación, el cual se extinguió a fines del siglo XVI y cuyo nombre, en idioma poton, significa "camino donde se toma el fuego", de mu, muhin, tomar; yuca, fuego, y quín, camino; cuya etimología parece indicar que en ese lugar los antiguos aborígenes tomaban las antorchas de yux uocote, que iban a depositar en el gran teocali o ku, hoy "Cerro Grande".

Por jaguardepiedra.over-blog.com
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